Este blog pretende reunir información sobre todos los temas relacionados con el mundo de la mineralogía en España
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sábado, 20 de octubre de 2012
Mina Diógenes, el reencuentro de un pueblo abandonado, Ciudad Real
sábado, 13 de octubre de 2012
El wolframio de Vila de Cruces, Santa Comba y Lousame, Galicia
Las Antiguas Minas
El wolfram de Vila de Cruces, Santa Comba y Lousame
El wolframio puso freno a la emigración gallega a América, en algunas comarcas del rural gallego.
Este mineral se usaba para revestir los diferentes armamentos y lograr una mayor dureza. Su elevada demanda por parte de alemanes e ingleses hizo que su precio alcanzase las 200 pesetas de entonces por kilo. En este período de entreguerras, las minas gallegas se convierten en centros de empleo para miles de gallegos, aventureros y buscadores del oro negro. uestra primera parada es en lasMinas de Fontao en el concello pontevedrés de Vila de Cruces. Éstas cerraron sus puertas en 1963 y dieron empleo a cientos de mineros. En sus cercanías se construyó un poblado para albergar a los trabajadores y a sus familias. Hoy lo encontramos totalmente reconstruido. La mina de Varilongo, situada entre las parroquias de Santa Sabiña, Esternande y San Salvador, en el concello coruñés de Santa Comba, fue otro de los grandes enclaves de mediados del siglo XX. En sus instalaciones encontramos reliquias como este horno que se usaba para secar el Wolfram.
Galicia vivía una época de crisis profunda, exilio y emigración, pero gracias al Wolfram muchos se hicieron con grandes cantidades de dinero y evitaron el éxodo. Para ganar más, algunos mineros robaban mineral a la compañía para venderlo en el mercado negro. Otros acudían a los montes gallegos con sus propios medios a extraer el wolfram para venderlo de contrabando. Esta práctica era conocida como "ir a roubeta".
Las tierras de Lousame , también esconden muchas galerías mineras. Así como leyendas e historias de gallegos que perdieron su vida en busca del oro negro. Estamos en la antigua escuela de las minas de San Finx, de este municipio coruñés. Hoy está rehabilitada y convertida en un museo. En este edificio el visitante puede conocer cómo era la vida en estas minas que tienen más de 2000 años de existencia, aunque en la edad de Bronce se extraía estaño.
Esto es lo que queda de algunas de las instalaciones de estas minas, que llegaron a albergar a 1000 trabajadores en la época dorada del Wolfram. Cuentan que el Casino de Noia fue testigo de las grandes cantidades de dinero que procedían de la venta del mineral para la guerra. El edificio, además, fue construido por un empresario de San Finx. Aquí es el río Rabiceiras, el que guarda los secretos de la fiebre del oro negro.
lunes, 20 de agosto de 2012
Minas Da Cabana, Galicia
Una dura actividad extractiva que cesó a finales del siglo XIX
Rastros de las minas Da Cabana, Galicia
Rastros de las Minas da Cabana
Cerca de A Veneira quedan huellas de una explotación olvidada
Minas de cobre de Aralar, Amezketa, Gipuzcoa
EN PORTADA
Aralar y su coto minero
Historia y naturaleza. Centroeuropeos, romanos y otras muchas gentes poblaron la zona de la morrea glaciar de Arritzaga, donde trabajaron duro en busca de cobre. Las minas se cerraron en 1965
Mina "Santa Rosa", Tierga, Zaragoza
Hierro aragonés de la cuna del Papa Luna para 58 países
La mina se encuentra en la pequeña localidad de Tierga
viernes, 27 de enero de 2012
Retrato de la minería de Gallarta, País Vasco
La declaración de conjunto monumental garantiza la conservación del paisaje y las instalaciones del pasado industrial de Gallarta
martes, 15 de febrero de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
Minas de San Jorge y las Reales Fábricas de Alcaraz, Riopar, Albacete
Medio físico: Las minas de San Jorge y las Reales Fábricas de Alcaraz.
Las minas de San Jorge y las Reales Fábricas de Alcaraz.
Ana Isabel Zúñiga Rodríguez, Ingeniera Tecnica Forestal e Ingeniera Agrónoma. Profesora de Enseñanza Secundaria en la Especialidad de Biologia y Geologia.
Estas fábricas pioneras en la metalurgia española prolongaron su actividad, con las necesarias modificaciones, cambios de propiedad y no sin pocos apuros económicos, hasta finales del siglo XX.
La razón principal de su ubicación en Riopar fue el hallazgo a mediados del siglo XVIII del único yacimiento de calamina conocido en España. La calamina, carbonato de cinc, era esencial para la obtención del cinc, cuya aleación con el cobre da lugar al latón, metal muy caro en esta época.
En el municipio de Riopar, en la falda de la sierra conocida como Calar del Mundo, se encuentran unas antiguas explotaciones mineras, ya abandonadas, que dieron origen a un importante complejo metalúrgico e industrial a finales del siglo XVIII, y que prolongó su actividad hasta finales del siglo XX. ¿Cuál fue el motivo para que creciera esta importante actividad metalúrgica en un lugar tan montañoso y apartado de las principales vías de comunicación de la época?
En la segunda mitad del siglo XVIII se tienen las primeras noticias de la existencia de un yacimiento de calamina (carbonato de cinc) en el municipio de Riopar, el único yacimiento conocido de este mineral en la Península hasta la época. Este mineral era esencial para la obtención del cinc, que en aleación con el cobre dará lugar al latón, un material muy caro en la España del siglo XVIII. Hasta esa época el latón no se producía en España de forma industrial, por lo que los gremios de latoneros se veían obligados a abastecerse de latón en el extranjero, sobre todo en Alemania, donde hasta entonces se encontraba la única fabrica capaz de producir latón en toda Europa.
En el año 1771, el maestro metalúrgico vienés Juan Jorge Graubner visita el yacimiento de calamina de Riopar, que entonces pertenecía al término jurisdiccional de Alcaraz, dándose cuenta de las enormes posibilidades económicas que podría representar su explotación, pues junto a la abundancia de un mineral de gran calidad, al aparecer sin mezclar con otros minerales, había que sumar la facilidad de explotación de este yacimiento situado en las faldas del Calar del Mundo. Otro factor a su favor era la cercanía del río Mundo, que discurre a unas pocas centenas de metros del yacimiento. Esto suponía disponer de la suficiente energía hidráulica para la obtención y manufacturación del metal. Hemos de tener en cuenta que la energía hidráulica era vital a la hora de plantear el establecimiento de cualquier
industria metalúrgica en esta época, pues entonces no existía otra fuente de energía capaz de mover las ruedas de los martinetes necesarios en la metalurgia. Otro factor a añadir era que las minas se encontraban situadas en una zona muy montañosa, con abundantes bosques, que proporcionarían el carbón vegetal necesario para el funcionamiento de los hornos de fundición del mineral.
Después de diversas vicisitudes políticas y económicas, Graubner, tras no pocos enfrentamientos con el ayuntamiento de Alcaraz -con el que se vio obligado a crear una especie de empresa mixta, al haberse quedado sin dinero-, consigue que las "Reales Fábricas de Alcaraz" comiencen a funcionar en 1781. Graubner crea dos complejos fabriles: el primero los sitúa al pie de la montaña donde se encuentran las minas, en donde ubicará los hornos de calcinación necesarios para la obtención del cinc a partir de la calamina, y los talleres necesarios para la obtención del cobre refinado preciso para su aleación con el cinc. A este complejo lo llamó San Jorge.
Para el segundo complejo fabril elige la vega de Riopar, junto al arroyo del Gollizo. A este complejo lo llamó San Juan de Alcaraz, que será el núcleo principal de las Reales Fábricas. En él se emplazaron en un principio los hornos y talleres para la producción de latón en barra y alambre de latón. Más tarde se instalarían los talleres de refinado y manufacturación de diversos objetos de latón. Alrededor de las instalaciones de San Juan, y al encontrase el antiguo pueblo de Riopar (conocido actualmente como Riopar Viejo) a más de media legua de distancia, Graubner hace crecer un pueblo moderno, más adecuado para albergar a los obreros que trabajaran en las fábricas: este nuevo pueblo será origen del actual Riopar. Debido a la mala situación económica, en 1784 las fábricas pasan a manos del Estado con carácter provisional. Ya en manos del Estado, las Fábricas de San Juan de Alcaraz se convierten en una importante y pionera industria metalúrgica en la Península, dedicada a la producción de latón en barra, en planchas y en alambre, a la producción de cobre en planchas y a la producción de cinc.
Las fabricas continuaran su expansión productiva hasta al menos 1805. En esta época se amplían las instalaciones con la construcción de la fábrica de San Miguel, o del Laminador, para la elaboración de planchas de cobre, que resultó ser un fracaso debido a la mala calidad de sus productos. A este desastre económico se unirá otro de carácter natural: una fuerte crecida del río Mundo destruye todas las instalaciones del Laminador, quedando abandonado el proyecto durante varias décadas.
En 1812, otra fuerte crecida del río Mundo provoca tales daños en la fábrica de San Jorge que se decide abandonar este emplazamiento y trasladar su actividad a San Juan. Aunque en años posteriores, y en una mejor situación económica, volverían a funcionar en San Jorge un par de sencillos talleres de clasificación de mineral, los hornos de sublimación del cinc, los hornos de calcinación de mineral y recocido de adobes y crisoles, un molino para moler el mineral y el carbón y un taller de alfarería, así como varios almacenes.
Alrededor de 1815, la situación de las Fábricas es muy complicada. Parte de sus instalaciones están destruidas o tienen graves daños, y el resto ofrece un nivel de producción muy bajo. La situación económica de las Fábricas llega a ser tan grave que el Consejo de Castilla toma la decisión de enviar al Comisionado José Antonio de Larrúmbide, que se hizo acompañar del ingeniero José Agustín de Larramendi. Éstos levantarán un informe completo de la situación de las Fábricas y de las minas, acompañado de propuestas de reformas, como la mejora de las infraestructuras hidráulicas, las mejoras en los procesos metalúrgicos, etc.
A partir de este informe, y debido a los elevados costes que las Fábricas ocasionaban al Estado, se decide que éstas dependan de sus propios recursos, llegando a su privatización en 1838.
En este año, y por medio de dos Reales Ordenes, se resolvió ceder las minas y fábricas de San Juan de Alcaraz a Josefa Fernández de Folgueras, para "honrar la memoria y premiar los servicios de su padre", asesinado en una revuelta en Manila, siendo capitán General de las Islas Filipinas. Junto a su marido, la nueva propietaria funda la sociedad "Rodas, Bernáldez y compañía". Esta sociedad moderniza las instalaciones para reactivar la explotación de las minas y de las Fábricas de Alcaraz, recuperándose en gran medida la producción, centrada principalmente en la elaboración de laminados de cinc y de latón.
En 1846, la Sociedad decide vender las fábricas a un consorcio, que creará un mes más tarde la "Sociedad Metalúrgica de San uan de Alcaraz", cuya existencia con las variaciones correspondientes en la constitución de sus socios se prolongará hasta finales del siglo XX. Debido al agotamiento de las minas, a mediados del siglo XIX la actividad de la Sociedad se centra en la producción de diversos objetos de bronce, plata y alpaca; y más tarde, acero inoxidable y grifería.
En 1984 las fábricas terminan por cerrar, los obreros comprarán la empresa para crear una Sociedad Laboral que prolongará su actividad hasta 1996, año en él que estas históricas fábricas cesarán definitivamente su actividad.
Tras pasar por un periodo de abandono, parte de las instalaciones de las Fábricas de San Juan de Alcaraz fueron rehabilitadas para albergar un interesante museo que ofrece un recorrido a lo largo de su historia, así como de los procesos de fabricación de los objetos de latón y de bronce que aquí se realizaron.
En 2008, las Fábricas son declaradas Bien de Interés Cultural, aunque en la actualidad una parte importante de las antiguas instalaciones sigue en estado ruinoso.
Las Instalaciones de San Jorge, al estar tan ligadas a la actividad de la mina, se abandonan definitivamente cuando ésta se agota a mediados del siglo XIX. Al pasar por un periodo tan largo de abandono, en la actualidad las instalaciones se hallan totalmente en ruínas, quedando tan solo los restos de un horno de calcinación y los muros de los antiguos talleres.
En honor del segundo nombre de Graubner, la mina de cinc de Riopar se conoció con el nombre de San Jorge. Fue en su época una de las más importantes minas de calamina de Europa tanto por la calidad del mineral como por su abundancia y facilidad de explotación, y la única en explotación en la Península.
La calamina es como los mineros denominaban a la smithsonita, mineral compuesto por carbonato de cinc. Normalmente este mineral aparece en la mina de San Jorge en masas de color gris más o menos oscuro, unas veces presentando un aspecto terroso y otras veces de roca compacta, pero rara vez cristalizada.
El yacimiento de calamina, origen de la industria metalúrgica del latón en Riopar, se encuentra en la vertiente meridional del monte conocido como Calar del Mundo, a unos 150 metros de desnivel sobre el cauce del río Mundo, en una ladera escarpada. Los terrenos sobre los que se asientan las minas pertenecen a la era Secundaria y están formados principalmente por calizas ricas en magnesio (dolomías).
El criadero de cinc corresponde a los llamados de bolsas o masas aisladas. Estas bolsas siguen una dirección transversal a la montaña, formando una especie de filón de mucha potencia y de poca extensión en longitud. Esta masa está casi exclusivamente compuesta por carbonato de cinc o calamina, encontrándose también de forma ocasional sulfuro de cinc o esfalerita, óxido de hierro o limonita y, más raramente, galena o sulfuro de plomo. Gracias a la pureza del mineral, al aparecer poco mezclado con otros minerales, y la ausencia de agua en sus galerías, la explotación de estas minas no presentó excesivas dificultades.
Este tipo de yacimientos minerales suelen ser más abundantes en mineral que el de filones propiamente dichos.
Las minas se explotaron por el sistema de huecos y pilares, trazándose las galerías sin ningún orden en concreto, sino buscando las bolsadas de mineral. Una vez se aprovechaban estas masas de mineral, se trazaban nuevas galerías en busca de nuevas bolsadas de calamina.
Las galerías eran de poca longitud y escasa profundidad. Son numerosas las bocaminas que se pueden encontrar hoy en día en la montaña, aunque muchas de ellas están casi ocultas por la vegetación y los sedimentos acumulados.
Los minerales se bajaban con caballerías al pie de la montaña, a los hornos de calcinación de San Jorge, donde se transformaba el mineral para la obtención del cinc. El mineral se seleccionaba, se procedía a su lavado y se preparaba para el proceso de calcinación. La calcinación del mineral tenía por objeto separar de la calamina el agua y el ácido carbónico del carbonato de cinc, para convertirla en óxido de cinc.
El óxido de cinc así obtenido se sometía a un proceso de reducción para obtener el metal de cinc. Para esto se utilizaban crisoles cilíndricos de barro donde se mezclaba el oxido de cinc con polvo de carbón, para posteriormente introducirse en unos hornos especiales. Cada uno de estos crisoles tenía acoplado en su boca un tubo de barro donde el cinc se obtenía por sublimación. Este cinc se recogía de estos tubos con una especie de cucharas llamadas "rascadores" y se vertía en moldes rectangulares de hierro.
Partiendo del cinc, en aleación con el cobre se obtenía el latón. El cobre utilizado en las Fábricas de Alcaraz provenía en un principio de las minas de Coquimbo, en el Virreinato del Perú; posteriormente, y en parte debido a los procesos de independencia de las colonias americanas, se empieza a utilizar el cobre proveniente de las minas de Linares y de Río Tinto.
La fundición de la mezcla de cobre y de cinc se realizaba en hornos de ladrillos refractarios en crisoles de barro. El crisol se cargaba con una mezcla de un 66 % de cobre y de un 34 % de cinc. Una vez fundida la mezcla se vertía en moldes de hierro de forma prismática, obteniéndose así el latón en forma de lingotes. De estos lingotes, una vez sometidos a los consiguientes procesos industriales, se obtenían láminas de latón de varios tipos, que se utilizaban para la fabricación de diversos objetos: cazos, braseros, candelabros, etc.
La producción en mineral de estas minas a lo largo de su historia fue muy irregular, tanto por estar supeditadas a las necesidades de las fábricas de San Juan como por las vicisitudes económicas por las que atravesaron. Alrededor de 1845 se habla de una producción media de 450 t; sin embargo, y debido a las mejoras introducidas en el sistema de explotación de las minas, en 1850 la producción pasa a ser de 1.100 t.
Las minas fueron explotadas hasta el año 1861, fecha en que se dieron por agotadas. A escasa distancia, pero a bastante menos altura sobre el nivel del río, se abrieron dos nuevas minas, denominadas San Agustín y Rosita, pero los resultados obtenidos fueron escasos y el mineral encontrado de inferior calidad que el de la mina de San Jorge, pues aparecía muy mezclado con pirita (sulfuro de hierro) y con blenda (sulfuro de cinc). Debido a los pobres resultados obtenidos pronto se abandonó la explotación, desapareciendo definitivamente la actividad minera en Riopar.
En una época más reciente, probablemente en la década de los 80 del pasado siglo, se debieron realizar sondeos en una de las galerías abandonadas en San Jorge, pues todavía se pueden ver los testigos de sondeo abandonados en una de las bocaminas, junto a las cajas de madera que los contenían. Se desconocen los resultados obtenidos, aunque debieron de ser de escaso interés.
jueves, 6 de enero de 2011
Origen de la mina de la Cova das Choias, Galicia
Una actividad minera que, según la tradición, se remonta a la época del Imperio Romano
El origen de la mina de la Cova das Choias es incierto. Según la tradición oral, las extracciones se remontan a los tiempos del Imperio Romano, como indicó Pascual Madoz en su célebre diccionario geográfico, publicado entre 1845 y 1850. En la época moderna, el hierro arrancado de esta gruta se fundía en la ferrería de Biduedo, aunque el mayor volumen del mineral procedía de las minas de A?????Veneira de Roques.
No se sabe con certeza cuándo empezó a funcionar esta factoría, que no figura en el catastro de la Ensenada -elaborado entre 1750 y 1754-, bien porque aún no se había construido o bien porque estaba paralizada. La ferrería estaba situada a orillas del río Cabe, a unos cien metros de la vivienda y la capilla. Actualmente no quedan restos de esta fábrica. La vivienda fue totalmente reconstruida y solo la capilla conserva su aspecto original. A finales del siglo XVIII, según apuntó Cornide Saavedra, fundía al año 200 quintales de hierro.
La Cova das Choias también ofrece especial interés por ser el primer lugar de Galicia donde se mencionó la existencia de la rara especie de musgo Schistostega pennata . Es una variedad propia de terrenos muy húmedos y sin apenas luz solar. Se trata una especie amenazada y muy escasa, que está presente en muy contados lugares de la Península, por lo que al visitar la cueva hay que poner especial atención para no dañar estos musgos de forma accidental.
- nacional: cmvocento
lunes, 29 de noviembre de 2010
Historia de Otero, Segovia
SEGOVIA
La huella de los minerales
La historia de Otero se recompone gracias a los xenolitos, canteras y minas
OTERO DE HERREROS
EL NOMBRE
sábado, 19 de junio de 2010
La minería de wolframio de Salamanca
La minería del wolframio de Salamanca
Se dice que de aquí a tres años las cuatro minas que hay en los términos municipales de las localidades de Morille, Mozárbez, San Pedro de Rozados, Martinamor, Alba de Tormes, Encinas de Arriba, Buenavista y Monterrubio de la Sierra podrían reabrir, y comenzar a producir, gracias al capital de la empresa Daytal Resources Spain, que ya opera en Los Santos.
Las minas de wolframio y estaño cerraron hace décadas debido a la caída de los precios en el mercado.
La revitalización del mercado internacional de estos minerales hace posible que las minas vuelvan a abrirse y a producir estos minerales que tienen gran demanda internacional. Según datos del Instituto Minero en la zona quedan varios millones de toneladas de mineral.
La Junta de Castilla y León ya autorizó la investigación minera para que los promotores comiencen a realizar sondeos y a definir el proyecto de extracción según la profundidad a que se encuentre el mineral. En Barruecopardo es donde más avanzado está el proceso y ya se proyecta la construcción de las edificaciones necesarias para la explotación y extracción. Los derechos de esta mina pertenecen (en un 90%) a la empresa Saloro, quien prevé invertir unos 20 millones de euros.
El yacimiento de la localidad de Los Santos es el tercero de Europa. La relevancia de la explotación minera es tal que, se había convertido en la tercera más grande e importante de Europa y la primera de España, como se confirmó en su puesta en marcha.
En la localidad de Navasfrías un proyecto que desarrolla la Universidad Politécnica de Madrid servirá para poner en valor las minas de wolframio de la localidad. Para ello varios técnicos de la universidad madrileña gestionarán el Centro de Interpretación de la Naturaleza del Área Recreativa de El Bardal. Así pues las minas son visitables por el público de forma guiada en un recorrido señalizado que comprende cuatro galerías recuperadas para las visitas turísticas: "La Segunda", el "Pozo Hondo", "Mina de las Vacas" y "La Asentada Morales", donde se han abierto los huecos que, debido al paso de los años, ya se habían cerrado.
"La Mina Salmantina" es la zona donde se excavaron, desde principios del siglo XX, alrededor de 200 pozos para la extracción de wolframio y en la que hay contabilizadas unas veinte galerías mineras.
La actividad minera en Navasfrías comenzó en 1903 siendo titular de la explotación una sociedad inglesa. Estos trabajos tuvieron su máximo esplendor durante la Segunda Guerra Mundial, por sus utilidades como coraza para los vehículos blindados, ya que Alemania crea un servicio para hacerse con el wolframio español. Competencia, ésta, que hará que los precios del mineral se disparen y que el contrabando se convierta en una actividad muy lucrativa. El trabajo en la mina fue decayendo hasta 1975. La recuperación, con fines turísticos, de las minas de Navasfrías es posible ya que en la actualidad no hay explotación de wolframio.
jueves, 17 de junio de 2010
minas de pontons
Bonastre i Pontons tenen amb Santa Maria Magdalena un punt comú.
La santa fou foragitada de Palestina en morir Crist i anà a parar, diuen, a casa nostra. Va ser dona de vida lleugera i sembla que encisava als homes per l'olor i per la seva bellesa. Era la patrona de les dones de la vida, dels apotecaris, dels herbolaris, dels barbers i dels penitents....
La Magdalena és patrona de Bonastre on fan festa grossa el 22 de juliol, dia en que es representava el ball parlat de Santa Magdalena explicant llur vida i conversió.
Malgrat que el nom de Bonastre te els seus orígens en el llatí Oleastre que vol dir terra d'oli, antigament a Bonastre hi havia mines de plata, de ferro, de plom argenter, pedreres calcaries i de guix. La mina de la Cova Roja era ferruginosa, la de Mas Gibert era de plom. A finals del segle XIX el poble ja era més conegut per la qualitat del seu cànem, la seva mel i la fabricació de cabassos, que per les seves mines.
El nom de Pontons prové del llatí Penitents. A Pontons ja tenien l'any 1500 a Maria Magdalena en la preferència del seu santoral, que posteriorment va desbancar a Sant Joan en el patronatge local. Eren penitents –esclaus- els que en temps del romans treballaven a les mines de plom i d'estany de la localitat.
De les mines de Pontons ja en parla en Jeronimo Pujades en el capítol 7 del seu llibre Cronica Universal del Principado de Catalunya -editat a Barcelona l'any 1609- on explica que ja van ser explotades per cartaginesos i romans amb molts contingents d'esclaus. Tot i així l'Albert Ferrer Soler en el seu estudi sobre "La cueva del Batlle Vell de Pontons" afirma que la mineria ja va constituir l'ocupació de la gent de la zona a la prehistòria. La quantitat d'eines prehistòriques i ossos trobats a la mina l'Esperança o a la cova de Sant Joan i les recerques de C. Gomis, Puig y Laranz, Bosch i Gimpera, etc, reafirmen l'antigor de les mines de Pontons.
Les mines pontonenques tingueren el seu punt àlgid d'extracció durant la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial). I, coses del capitalisme, les accions de l'empresa minera encara es cotitzaven a la borsa de Londres molts anys desprès d'estar tancada l'explotació.
Tot i que Bonastre i Pontons van ser les localitats mineres més importants del Penedès, es troben indicis de ferro a Sant Jaume dels Domenys (Sant Antoni) i a Marmellar (Roca Vidal), malgrat que en aquestes dues localitats no hi ha traces de devoció a Maria Magdalena.
lunes, 14 de junio de 2010
La minería del hierro en Quirós
La minería del hierro en Quirós
La explotación de Los Llamargones, de las más antiguas de Asturias, funcionó hasta mediados del siglo XX
La siderurgia nació en Quirós con la Compañía Chauviteau dirigida por Gabriel Heim, que diseñó un plan de empresa que comprendía la explotación de mineral de hierro y carbón para abastecer unos altos hornos situados en Torales.
La mina de hierro de Los Llamargones es una de las más antiguas de Asturias, situada en las cercanías del pueblo de Fresneo y de los altos hornos quirosanos. Esta explotación funcionó durante el siglo XIX hasta mediados del siglo XX de modo intermitente. Comenzó en los años 1869-70 por la Compañía Minas y Fundiciones de Santander y Quirós, sucesora de Chauviteau y fue cerrada por Fábrica Mieres en el año 1960.
Se combinaba en la explotación la extracción con galerías de interior y de exterior o a cielo abierto por la afloración de los filones a la superficie. La necesidad de aprovisionarse de mineral en una zona cercana hizo que la acería quirosana explotara en varios lugares de la zona. En Allinar, Corrorio, Los Llamargones y La Reguerona fueron lugares de minería. Comenzó en el primer lugar situado al sudoeste del pueblo de Fresneo. El mineral era destinado a los hornos que funcionaban desde 1871. Distaba cuatro kilómetros de la fundición con un desnivel de 365 metros.
Las explotaciones a cielo abierto eran más rentables porque necesitaban menos preparación de madera, vías y otros materiales. Sin embargo, el acarreo a veces era más complicado. En Allinar, la minona vieja de Corrorio o en Branuetu había cortas a cielo abierto. Se transportaba con carros o con cestos como en Allinar, que empleaba chavales para subir el mineral desde la mina hasta la tolva que recogía el mineral que venía desde Los Llamargones. Se abandonó Allinar para pasar a Los Llamargones. Había un paquete de cuatro capas de las cuales sólo se explotó la más ancha.
El mineral de hierro era arrastrado con bueyes y mulas en carros del país, a través de una trinchera de 1.600 metros hasta un ramplón (Pontón fondeiru) de donde era cargado en carros de bueyes o vacas y llevado a los tragantes de la acería en Torales. Había una caseta con una báscula en el parque de minerales para pesar el carro. Allí venía también el carbón de las minas del Xagarín y la piedra caliza del Sairón. Todo ello se mezclaba para hacer la colada en el alto horno.
En 1888 comenzó a funcionar el cable de La Reguerona que bajaba el hierro a Veiga. El sistema bicable lleva 40 cajas con una capacidad de 200 kilos con un rendimiento de 120 toneladas cada diez horas de trabajo. En Veiga había una trituradora para deshacer el mineral que después era trasladado a Trubia en el tren minero. Los altos hornos quirosanos ya estaban apagados de manera provisional. Cuando se encendían el mineral subía desde Veiga a Torales en tren.
El método de explotación era más avanzado antes que después de la Guerra Civil. El sistema empleado para la extracción se llamaba «la estroza» y la daban «los guajes del fierro». Se empleaba mucho las mazas y barras para extraer el mineral. Su época de gran apogeo llegó hasta el fin de la I Guerra Mundial. La mina de Los Llamargones contaba con una caldera de vapor para producir energía a los compresores de los martillos y el montacargas. En 1918 se construyó la casona para la caldera de vapor. Contaba con una fragua, una carpintería, cuadra, polvorines, oficinas y cuartos de aseo, y un pequeño botiquín de primeros auxilios.
El sistema de explotación era el de macizos y sobreguías con distancias entre 3 y 10 metros. Se montan coladeros desde la galería general quedando dividido en macizos para el despilaramiento. Estos macizos se van arrancando provocando el hundimiento de modo que el relleno ocupe el hueco dejado por el mineral. Era un sistema muy peligroso que precisaba de un entramado de comportas y tablas con buen grosor y bien afirmadas con clavijas. Fueron varios los mineros muertos sobre todo alcanzados por costeros o piedras caídas.
La mina se estructuraba en dos pisos, estando el inferior por debajo de la trinchera de transporte. El mineral se subía con un montacargas hidráulico. La producción de interior y exterior muy cercanas entre ambas se acumulaba en unas grandes tolvas para después ser cargadas en vagones de madera hasta la estructura del cable en La Reguerona. La extracción interior del mineral de hierro se hacía con galerías en roca existiendo en ocasión dos galerías paralelas por la amplitud de la veta. Una de las capas se denominaba «la inagotable».
Después de la Guerra Civil, Fábrica de Mieres, dueña de las minas de hierro, continúa con la explotación pero en condiciones más precarias y aprovechando de retirada el mineral. En 1938 se sacaba a maza el hierro en dos relevos. Había 70-80 obreros entre el interior y el exterior. En las primeras décadas trabajaban mineros gallegos y portugueses que se asentaron en la zona.
No existió preparación ni avance de galerías y después del año 40 con La Reguerona en funcionamiento era de modo intermitente. Funcionaban según necesidades. Cuando estaba parada los mineros eran despedidos o iban a la sección del carbón.
En 1939 los guajes cobraban 4,50 pesetas, una peseta más si se descargaban vagones. Un ayudante barrenista cobraba 7,50 y el barrenista 9 pesetas de jornal diarias. La jornada era de siete horas, siendo los primeros candiles de sapo y después de carburo.
La energía eléctrica venía desde la central privada de El Robloso, primeramente y después del Urdiero, propiedad de Fábrica Mieres. El tendido eléctrico iba paralelo al cable aéreo de transporte.
Con esta actividad minera se crearon dos zonas de residencia de mineros en lugares cercanos a las explotaciones y lejos de los pueblos. La empresa organizaba la fiesta, antes de la guerra, de Santa Bárbara en Fresneo, el pueblo más cercano a las minas. Regalaba un pellejo de vino y pagaba la misa que se celebraba en el pueblo.
En 1900 Quirós extraía 18.000 toneladas. Al año siguiente ya había subido a 23.000. El año de mayor producción fue 1914 con 32.000 toneladas. La I Guerra Mundial favoreció la exportación de minerales españoles a los países contendientes. Tanto la producción hullera como de hierro aumentaron considerablemente, al igual que el número de trabajadores empleados. Hasta 1910 en Asturias sólo tenían producción Quirós y Naranco. A partir de ese año se unieron Sobrescobio y Buferrera.
martes, 22 de diciembre de 2009
Guardiola de Berguedà
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