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jueves, 10 de diciembre de 2009

blog--Luces de minas

miércoles 9 de diciembre de 2009

CON ALGUNOS AMIGOS EN LA UNIÓN Y CARTAGENA, MURCIA






Cuando empecé a distinguir los castilletes y chimeneas a la entrada de este pintoresco pueblo de La Unión, la mañana de ayer, que recuerdan su actividad minera hasta hace escasos años, estaba cumpliendo uno de los objetivos propuestos a comienzos de año, entre los que se encontraban, la visita a algunos de mis amigos de la región murciana. No pude ir a verlos a todos pero... hay que dejar algo pendiente para tener argumentos para volver.


Allí tengo un amigo, gallego de nacimiento, que es un gran aficionado a las lámparas de mina,;lógicamente la mayoría son lámparas de acetileno (carburos) y candiles. También los minerales y los libros de todo lo relacionado con la minería, La Unión y Cartagena, ocupan lugar preferente entre sus aficiones. Esta importante biblioteca siempre la pone a mi disposición para consultar lo que preciso, además de ponerme al corriente de las novedades que le van llegando.


Ha escrito y publicado interesantes trabajos y resulta para mi muy entrañable visitarle cuando puedo.


Sus lámparas no han aumentado de manera significativa desde la última vez que estuve, aunque siu su importante biblioteca.


En Cartagena vive otro amigo. Dispone de la colección de acciones mineras más importante que conozco y que también pone a mi disposición para encontrar entre todas ellas, aquellas en las que las lámparas de mina o los candiles aparecen en sus grabados y que utilizo como ilustraciones en alguno de mis trabajos.


Tiene importantes libros antiguos de minería. En esta ocasión estuve ojeando y haciendo fotos a los grabados de un original del libro de Agrícola : De Re Metállica. Impresionante. Demasiado importante para digerir en poco tiempo…


En fin, fue una agradable jornada y había que regresar a Alicante.




domingo, 6 de diciembre de 2009

Freixo, minería heroica gallega



http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-correogal&cg=0&cc=1&ts=noscript
El Correo Gallego
Freixo, minería heroica gallega
10.09.2009 En estado ruinoso, la Asociación Patrimonio Industrial Buxa reivindica su rehabilitación ·· De esta explotación en Monforte y de A Silvarosa, en Viveiro, salió hierro para la industria bélica alemana ·· Centenares de obreros trabajaron en precarias condiciones laborales.
Vista de las arruinadas instalaciones de las minas de Freixo, en la parroquia de Marcelle en Monforte FOTO: Angar
Vista de las arruinadas instalaciones de las minas de Freixo, en la parroquia de Marcelle en Monforte
FOTO: Angar

Las minas de hierro de Freixo, en Monforte; las de A Silvarosa, en Viveiro; Vilaoudriz, en A Pontenova, o las de estaño y wolframio de Fontao, en Vila de Cruces y San Finx, en Lousame son ejemplos de la minería heroica en Galicia. Muestras de nuestro patrimonio industrial que languidece en la ruina y el olvido. Un recurso infravalorado, susceptible de ser recuperado como atractivo turístico. La explotación de Freixo -situada en la parroquia de Marcelle en Monforte de Lemos- junto con la de A Silvarosa -en el municipio de Viveiro- suministraron, desde principios a mediados del pasado siglo, hierro para la industria pesada bélica germana, sobre todo para la maquinaria de guerra del III Reich.
Ingeniería germana
El ingeniero alemán Guillermo Cloos, que también ostentó el cargo de vicecónsul de su país, fue el encargado de ponerlas en marcha. En el caso de Freixo, Cloos se desplazó a Monforte en los años veinte, para hacerse cargo del yacimiento de Freixo, que explotaba la firma Minerales de Hierro de Galicia.
Al igual que había hecho en A Silvarosa, en Viveiro, el ingeniero alemán, entre 1924 y 1925, puso en marcha un funicular, de los primeros que funcionaron en Galicia, para facilitar el transporte desde la mina a la estación de ferrocarril de Canaval, en Sober, un trayecto de unos ocho kilómetros, donde el mineral era cargado en trenes y transportado al cargadero vigués de Rande, para su traslado en barcos de vapor a Alemania, donde abastecía la pujante industria pesada.
Bajo la dirección de Guillermo Cloos, el yacimiento de Freixo funcionó a pleno rendimiento hasta 1931, con una nómina de 300 trabajadores. En ese año, las reivindicaciones sindicales, debido a las precarias condiciones de trabajo y a los bajos salarios de los obreros, desataron el enfrentamiento contra la gerencia de la mina, que no se plegó a las demandas de los mineros. En agosto de 1931, los trabajadores iniciaron una huelga que mantuvieron durante dos años. La mina cerró al final de la Segunda Guerra Mundial. Una nueva firma la reabrió en 1948, para cerrar definitivamente en 1959.
La Asociación Galega do Patrimonio Industrial Buxa, que preside el profesor Manuel Lara Coira, reivindica la recuperación, rehabilitación y reconstrucción de este patrimonio industrial gallego, así como su difusión y promoción, como una parte de nuestra historia, protagonizada por miles de mineros anónimos que trabajaron en condiciones precarias y malsanas en las entrañas de la tierra.
APUNTES
La primera carga salió de Rande
·· El vapor Estoril, en 1926, embarcó en el cargadero vigués de Rande el primer cargamento de mineral de hierro extraído en la mina de Freixo para la industria alemana, tal como atestiguó una histórica instantánea del fotógrafo gallego Pacheco.
Reivindicación salarial y huelga
·· En sesión plenaria de 15 de junio de 1931, la corporación monfortina dio lectura a un escrito del Sindicato de Obreros Mineros en el que demandaban una subida salarial del 50%. El rechazo por la patronal minera provocó el inicio de una larga huelga.
Coletazos finales, la visita de Solís Ruiz
·· Cuando Freixo daba sus últimos coletazos como explotación minera, los trabajadores reciben con una pancarta, en 1958, al ministro franquista y Delegado Nacional de Sindicatos, José Solís Ruiz, en una visita que efectuó a la capital de Lemos. No evitó el cierre.



sábado, 5 de diciembre de 2009

La mina de Cabanesses, Suria

http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-grupozeta&%20cg=



















Edició en Català





La mina de Cabanesses, en Súria, es la única de España dirigida por mujeres

1.      • «Cada vez somos más las que estudiamos Ingeniería de Minas», dice la subdirectora de la explotación

<b>La mina</b>  La galería principal de la explotación de sal. Foto: MARC VILA

La mina La galería principal de la explotación de sal. Foto: MARC VILA

MAURICIO BERNAL
BARCELONA


El anzuelo es que la de Cabanasses, en Súria (Bages), es la única mina de España (y hasta donde se sabe de Europa) dirigida por mujeres, de modo que se convoca a los periodistas y ese día se presentan más de 20, se ponen el traje de minero y se declaran listos para bajar, en compañía de las susodichas, a las entrañas de la Tierra. Es posible que nadie ajeno al mundo de la minería se haya preguntado nunca si hay mineras entre los mineros, que simplemente den por sentado que las hay (o todo lo contrario, que no las hay), pero el caso es que en el planeta de la igualdad la minería aún es un reino por conquistar. En resumen: en esta mina del Bages son unos adelantados.
El día, y eso que es diciembre, es cálido. Con sus cascos, sus linternas y sus botas, sus pantalones fluorescentes y una rápida lección sobre lo que hay que hacer en caso de incendio («no ocurre nunca, tranquilidad»), el grupo se reparte en dos ascensores, que enseguida se hunden a toda velocidad en el suelo. A la salida hace frío. Tres todoterrenos con los techos reforzados esperan. El primero lo conduce Isabel Martínez, que es de Oviedo y es quien dirige la mina. Tiene 36 años. El segundo lo lleva Sara Rabeya, que tiene 32 y es la subdirectora; el tercero, el que cierra la caravana, Mònica García, que es la jefa de turno de las instalaciones. Huele a sal. Paseo por la única (y última) mina de potasa de España.
La máquina con mayúsculas
«Hay un límite de velocidad de 20 kilómetros por hora», avisa Mònica. Alguien le pregunta si hay accidentes y ella dice que de vez en cuando, y recuerda que hace tres años un minero murió tras dormirse al volante. En plena mina. «El coche volcó», explica. La caravana avanza por la galería madre, en la jerga el PIP (plano inclinado principal): un túnel de unos cuatro metros de altura que además resulta lo bastante ancho no solo para que haya, si es necesario, circulación en ambos sentidos, sino para albergar el tubo de ventilación y la cinta que transporta el mineral. Nos dirigimos al encuentro del minador: la máquina con mayúsculas. La que rasga y extrae. La quintaesencia de cualquier mina.
«Antes se trabajaba con explosivos –explica la directora– y una de las ventajas que tienen estas máquinas es que la calidad del material que se extrae es superior». El grupo ya contempla el minador, que trabaja sin descanso y va cargando camiones, uno tras otro. Estamos lo más lejos que vamos a estar y ya no hace frío, todo lo contrario. «Debemos de estar sobre los 31 grados. En todo caso menos de 34 –dice Mònica–.
A los 34 las máquinas se paran».
Algunas cámaras enfocan a los mineros, y poco a poco –parecen hombres muy ocupados– algunos micrófonos se atreven. «Es un trabajo como cualquiera –dice uno–. Al final te acostumbras». Mineras, eso sí, no hay (mineras operarias, se entiende), y en ese sentido la imagen del trabajo sucio en Cabanasses continúa siendo la del tópico: hombres duros apartados de la luz del sol. En total son cerca de 300, divididos en tres turnos para exprimir al máximo la mina. ¿Significa algo ser mujer y mandar a esos hombres duros? ¿Significa algo esa pregunta, o la respuesta a esa pregunta? «Es un mundo de hombres, sí, pero simplemente es que hay cada vez más mujeres que estudian la carrera (Ingeniería de Minas) y se preparan para llegar aquí –explica Sara– Eso es todo. En el interior de la mina no supone ninguna diferencia ser mujer».
Polvillo en el aire
El PIP está lleno de –también es jerga– culatones: pequeñas cavernas excavadas a un lado del túnel construidas las más de las veces como guarida para albergar los transformadores (de luz), aunque también suelen acoger los comedores de los mineros. ¿Y qué almuerza un minero? Bocadillo. El ambiente (siempre hay un polvillo en el aire) no inspira más. La caravana avanza, sigue avanzando entre el polvo, que no se ve, pero ahí está, entre el ruido de la maquinaria y de las cintas, del propio aire, bajo las miradas siempre extrañadas y divertidas de los mineros. La excursión acaba con una visita al taller, que no solo es lugar de reparación sino de alumbramiento: aquí se ensambla todo, porque todo en la mina entra por piezas.





http://www.elperiodico.com/img/cult_h3.jpg